La custodia compartida en casos de enfermedad mental representa uno de los mayores desafíos que enfrento como abogado especializado en derecho de familia. Cada semana recibo consultas de padres y madres preocupados por cómo la condición psicológica de su expareja podría afectar el bienestar de sus hijos. Entiendo perfectamente tu inquietud si estás atravesando esta situación. Los tribunales españoles evalúan estos casos con extrema cautela, priorizando siempre la protección del menor. En este artículo, analizaré 7 casos reales de custodia compartida con enfermedad mental que te ayudarán a comprender mejor cómo se resuelven estas complejas situaciones.
La realidad de la custodia compartida cuando existe un diagnóstico psiquiátrico
La presencia de un trastorno mental en uno de los progenitores no implica automáticamente la denegación de la custodia compartida. Los tribunales evalúan cada caso individualmente, considerando factores como la gravedad del trastorno, el tratamiento seguido, la adherencia a la medicación y, sobre todo, cómo afecta la condición a la capacidad parental.
Como abogado especializado en derecho de familia, he observado que muchos juzgados solicitan informes periciales psicológicos y psiquiátricos para valorar objetivamente estas situaciones. La clave no es el diagnóstico en sí, sino cómo este impacta en el cuidado cotidiano del menor.
Caso 1: Custodia compartida con un progenitor diagnosticado con trastorno bipolar
María y Carlos se divorciaron cuando su hijo tenía 5 años. Carlos había sido diagnosticado con trastorno bipolar tipo II, pero seguía un tratamiento riguroso y mantenía su condición estable. Durante el proceso judicial, la madre solicitó la custodia exclusiva alegando que la enfermedad mental de Carlos representaba un riesgo para el menor.
Resolución judicial y fundamentos
El tribunal concedió la custodia compartida tras evaluar:
- Informes médicos que acreditaban la estabilidad de Carlos durante los últimos tres años
- Testimonios de familiares sobre su capacidad parental
- Un informe psicosocial favorable
- La buena relación padre-hijo documentada
El juez determinó que el trastorno mental controlado no impedía el ejercicio responsable de la parentalidad, estableciendo un seguimiento trimestral durante el primer año.
Caso 2: Denegación de custodia compartida por trastorno de personalidad no tratado
En el caso de Elena y Roberto, padres de dos niñas de 7 y 9 años, la situación fue diferente. Roberto presentaba un trastorno límite de personalidad con episodios de impulsividad. A diferencia del caso anterior, Roberto había abandonado el tratamiento en varias ocasiones y mostraba comportamientos erráticos frente a las menores.
En mi experiencia profesional, he comprobado que los tribunales son especialmente cautelosos cuando existe un historial de abandono del tratamiento psiquiátrico, priorizando siempre la estabilidad emocional del menor.
Factores determinantes en la decisión
El juzgado denegó la custodia compartida basándose en:
- Informes médicos que evidenciaban la falta de adherencia al tratamiento
- Testimonios de las menores recogidos por el equipo psicosocial
- Episodios documentados de conducta impredecible
- Valoración negativa del entorno familiar paterno
Se estableció un régimen de visitas supervisado condicionado a la reincorporación al tratamiento y seguimiento psiquiátrico.
Caso 3: Custodia compartida progresiva con depresión mayor
Ana sufría depresión mayor tras el fallecimiento de su madre, coincidiendo con su proceso de divorcio de Miguel. Inicialmente, el juzgado concedió la custodia exclusiva al padre, pero estableció un plan de recuperación progresiva de la custodia compartida.
Evolución y adaptación del régimen de custodia
Este caso ilustra perfectamente cómo los regímenes de custodia pueden evolucionar positivamente:
- Fase 1: Visitas supervisadas durante 3 meses
- Fase 2: Ampliación a fines de semana completos durante 6 meses
- Fase 3: Implementación de custodia compartida con semanas alternas
El tribunal valoró especialmente la actitud proactiva de Ana hacia su tratamiento y la relación positiva con sus hijos, demostrando que la enfermedad mental tratada adecuadamente no es impedimento para una custodia compartida.
Caso 4: Revocación de custodia compartida por esquizofrenia paranoide
El caso de Javier y Lucía representa una situación donde inicialmente se había concedido la custodia compartida, pero tuvo que ser revocada. Javier desarrolló esquizofrenia paranoide dos años después del divorcio, con delirios que ocasionalmente involucraban a su hijo de 8 años.
Proceso de modificación de medidas
Lucía solicitó una modificación de medidas urgente aportando:
- Informes médicos del diagnóstico reciente
- Testimonios de familiares sobre episodios delirantes
- Informe escolar sobre cambios en el comportamiento del menor
- Grabaciones de conversaciones preocupantes
El tribunal suspendió temporalmente la custodia compartida, estableciendo visitas supervisadas condicionadas a la estabilización del cuadro clínico, priorizando la protección del interés superior del menor.
Caso 5: Custodia compartida con trastorno de ansiedad generalizada
Pedro y Sofía compartían la custodia de su hija de 6 años. Sofía padecía trastorno de ansiedad generalizada, pero seguía rigurosamente su tratamiento. Durante el proceso, Pedro alegó que los episodios de ansiedad de Sofía perjudicaban a la menor.
Valoración judicial del impacto real en la menor
El tribunal mantuvo la custodia compartida tras analizar:
- Informes psicológicos que demostraban la capacidad de Sofía para gestionar su ansiedad
- Testimonio favorable de la psicóloga infantil de la menor
- Evidencia de un entorno estable y amoroso en ambos hogares
- Buena comunicación entre los progenitores respecto a las necesidades de la niña
Este caso demuestra que los trastornos de ansiedad bien gestionados no justifican la privación de la custodia compartida, especialmente cuando existe un seguimiento profesional adecuado.
Caso 6: Custodia compartida con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
Raúl presentaba un TOC centrado en la limpieza y el orden. Su expareja, Diana, solicitó la custodia exclusiva alegando que las rutinas obsesivas de Raúl resultaban perjudiciales para sus gemelos de 4 años.
Adaptaciones y compromisos establecidos
El juzgado concedió la custodia compartida con condiciones específicas:
- Terapia familiar para adaptar las rutinas a las necesidades infantiles
- Seguimiento psicológico trimestral de los menores
- Flexibilización progresiva de las rutinas de Raúl
- Mediación familiar para resolver conflictos derivados de la condición
Como abogado especializado en estos casos, suelo recomendar la mediación familiar como herramienta complementaria, especialmente cuando existen trastornos mentales que afectan la dinámica familiar pero no comprometen la seguridad del menor.
Caso 7: Custodia compartida con TDAH en un progenitor
Fernando, diagnosticado con TDAH en la edad adulta, solicitó la custodia compartida de su hijo de 10 años. Su exesposa, Carmen, se oponía argumentando desorganización y falta de rutinas estables.
Soluciones prácticas implementadas
El tribunal concedió la custodia compartida con apoyo específico:
- Establecimiento de un sistema de planificación y rutinas supervisado
- Terapia de habilidades parentales específica para TDAH
- Coordinación con el centro escolar para mantener coherencia educativa
- Aplicación de técnicas de organización adaptadas a las necesidades del menor
Este caso ilustra cómo los trastornos neurodiversos pueden gestionarse adecuadamente en un régimen de custodia compartida con los apoyos adecuados.
Factores determinantes en casos de custodia compartida con enfermedad mental
Tras analizar estos casos reales, podemos identificar los elementos clave que los tribunales valoran al decidir sobre la custodia compartida cuando existe enfermedad mental:
- Adherencia al tratamiento médico prescrito
- Estabilidad del cuadro clínico
- Capacidad de autocrítica y reconocimiento de la condición
- Red de apoyo familiar disponible
- Impacto real (no teórico) en el desarrollo del menor
- Voluntad de cooperación entre progenitores
- Edad y necesidades específicas de los menores
Preguntas frecuentes sobre custodia compartida y enfermedad mental
¿Puede denegarse automáticamente la custodia compartida por un diagnóstico psiquiátrico?
No. El mero diagnóstico de un trastorno mental no justifica la denegación automática de la custodia compartida. Los tribunales evalúan cada caso individualmente, considerando factores como la gravedad del trastorno, la adherencia al tratamiento y, sobre todo, cómo afecta realmente a la capacidad parental y al bienestar del menor. He defendido con éxito a muchos progenitores con trastornos bien gestionados que ejercen una parentalidad responsable.
¿Qué informes son determinantes en casos de custodia compartida con enfermedad mental?
Los informes más valorados por los tribunales son: informes psiquiátricos actualizados que detallen el diagnóstico, pronóstico y adherencia al tratamiento; informes del equipo psicosocial adscrito al juzgado; informes de los psicólogos infantiles de los menores; y en algunos casos, informes periciales de parte realizados por especialistas en psiquiatría forense. La calidad y actualización de estos informes resulta fundamental para una resolución favorable.
¿Se puede recuperar la custodia compartida tras haberla perdido por problemas de salud mental?
Sí, es posible recuperar la custodia compartida mediante un procedimiento de modificación de medidas cuando se demuestre una mejora significativa y estable de la condición. Será necesario acreditar: seguimiento riguroso del tratamiento durante un periodo prolongado (generalmente más de un año); informes médicos que confirmen la estabilización; y evidencia de que el contacto supervisado con los menores ha sido positivo. Los tribunales suelen establecer una recuperación progresiva de la custodia compartida para garantizar la adaptación de todos los implicados.
Conclusión: Enfoque equilibrado ante la custodia compartida con enfermedad mental
Los casos reales de custodia compartida con enfermedad mental que hemos analizado demuestran que no existen soluciones universales. Cada familia requiere un enfoque personalizado que equilibre el derecho de los menores a mantener una relación significativa con ambos progenitores y su necesidad de crecer en un entorno estable y seguro.
Como abogado especializado en derecho de familia, mi experiencia me ha enseñado que el éxito en estos casos depende de la transparencia, la colaboración con profesionales de la salud mental y, sobre todo, de mantener el foco en el bienestar del menor por encima de cualquier conflicto entre los progenitores.
Si estás enfrentando un proceso de custodia donde la salud mental es un factor relevante, te recomiendo buscar asesoramiento legal especializado que te ayude a presentar tu caso de la manera más favorable, siempre desde la honestidad y el compromiso con el bienestar de tus hijos.


